jueves, 21 de enero de 2010

La decadencia.

En el primer mundo, la principal potencia económica se ha acostumbrado a algunos de los efectos de la crisis que nos corroe. En el estado de Arizona, barriadas enteras de las míticas urbanizaciones de casitas, están siendo abandonadas. La crisis inmobiliaria obligó a muchos residentes a tener que entregarlas al banco para cancelar su hipoteca. Y ahora mientras se degradan y el desierto reclama su territorio, el sol y el polvo dispara las alarmas contraincendios. Como los bomberos no pueden entrar sin ver humo, y no existe dueño físico al que avisar (los bancos no pueden venderlas para no anotar las perdidas económicas de su venta por debajo del precio de compra), los vecinos que restan solo pueden aguantarse y esperar que lentamente la persistente sirena se acabe convirtiendo en una lánguida mueca hasta que las baterías terminen de sucumbir.
Noticia original:
http://bldgblog.blogspot.com/2009/06/when-ruins-begin-to-sing.html

Chernobyl, catastrofe por excelencia, es recordado como el mayor desastre nuclear y uno de los cúmulos de incompetencias más graves de la humanidad. Para el recuerdo quedan el horror del incidente, los héroes que entregaron su vida en las operaciones de control y una ciudad abandonada y fantasmagórica (aunque cuente con unos 7000 habitantes, fundamental de los pobladores originales que no quisieron irse), así como el reten de guardia de la zona y algunos trabajadores de la central realizando comprobaciones de seguridad (la central nuclear cerro definitivamente en el año 2000, 14 años después del accidente).
Para el recuerdo quedan estas imagenes:


Para terminar con una cara más amable. No toda la desolación es terrorífica. Los científicos de las bases de McMurdo y Scott en la Antartida nos permiten contemplar el paso de un año en esa fabulosa y mágica localización. Un paisaje desolado y mortal para la humanidad, por las condiciones extramas, pero que nos ofrecen una belleza y reposo inconmensurables:


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