domingo, 26 de septiembre de 2010

Innovación adecuada.

Uno de los grandes males de nuestra sociedad es la falta de oportunidades laborales y es que España es uno de los países desarrollados con unas expectativas para los titulados superiores más bajas del mundo.
Puede que el problema sea de unas universidades anquilosadas y muy alejadas del mundo laboral. Aunque también es cierto que la situación se retroalimenta con un sistema laboral pobre y deprimente.
Me ha gustado mucho esta entrevista a Alejandro Suarez donde incide en este problema social y laboral.
Las universidades de mileuristas:



Uno de los grandes pilares que deberían sustentar una modernización, que no queda más remedio que en cualquier caso nazca en las universidades, es comenzar a olvidar un aprendizaje tan obsoleto e incoherente como es el repetitivo proceso de memorización y comenzar a plantearse unos requerimientos útiles y prácticos, tal como se precisan en la vida real y profesional. Como siempre para distinguir el futuro debes poner la vista en el sistema americano, que pese a sus muchas faltas, es todo un referente mundial a nivel educativo (con permiso de nuestros vecinos escandinavos). Allí esta muy en auge recalcar el pensamiento lateral. Un buen ejemplo:


Una correcta capacidad de desarrollo y búsqueda de soluciones alternativas es lo que permite obtener grandes avances y desarrollos que no se alcanzarían por los caminos ordinarios. Como por ejemplo la innovadora idea para resolver el problema de las telecomunicaciones en países pobres. El uso de "satélites pobres":
Plataforma Gran Altitud (PGA) es el nombre del proyecto desarrollado por científicos y militares ecuatorianos están desarrollando desde hace un año, la idea es poner globos aerostáticos no tripulados en el aire, en zonas de difícil acceso para mejorar telefonía, acceso a internet, ofrecer vigilancia territorial o monitoreo de áreas agrícolas, además de usarse en caso de desastres naturales.
En pocas palabras, algo así como “satélites pobres”.
En una entrevista hecha al director del proyecto por la parte militar, Edgar Jaramillo, explicó que se usaron 3,9 millones de dólares (un costo muy bajo comparado con los 72 millones de dólares usados por Chile para poner en órbita su primer satélite). Cada globo tiene uno 54 metros de largo y es capaz de elevarse hasta 20 kilómetros de altura.
Considerando que en Ecuador hay más de tres millones de personas que no tienen posibilidades de acceso a una línea de teléfono y mucho menos internet (por altos costos de instalación y baja densidad poblacional) me parece interesantísimo que por tan poco dinero se pueda hacer tanto.
Por el momento uno de los retos para la implementación de los globos aerostáticos es la forma de mantenerlos con energía; el uso de paneles solares es la solución, instalados en el lomo de cada nave.
A partir de julio de 2010 empezarán las pruebas de vuelo, el proyecto debería estar funcionando al 100% a partir de diciembre del mismo año.
Fuente: http://alt1040.com/2009/10/el-uso-de-satelites-pobres-para-mejorar-las-comunicaciones-en-paises-en-vias-de-desarrollo

Porque ante todo hay que tener en cuenta, que para bien o para mal, la inevitabilidad del cambio es un hecho, incluso (esperemos) en la tradicional mente cerrada de los españoles. Los americanos tienen muchas historias-fabulas para contar estas cuestiones. Y la verdad es que la de John Henry y su lucha contra el martillo de vapor merece ser leída con atención:

Estados Unidos es una tierra rica en leyendas, las que trajeron de sus respectivos lugares de origen los inmigrantes, y las que nacieron en el propio país, conformando la identidad cultural de aquel crisol de nacionalidades. Entre estos últimos figuran la del leñador Paul Bunyan, la celebérrima historia del agricultor errante Juanito Manzana (John Appleseed) y la del gigante de la línea ferroviaria John Henry.
De este último voy a hablaros. La leyenda dice que este negro fortachón nació como esclavo en Missouri allá por 1840, y que tras la guerra civil, ya como hombre libre, trabajó en la línea ferroviaria que unía Chesapeake y Ohio. Nadie podía comparársele en destreza, fuerza y velocidad a la hora de tender raíles. Se decía de él que podía trabajar durante 24 horas perforando piedras con su maza y clavos de hierro.
El tendido de la vía avanzaba a buen ritmo gracias entre otras cosas al poderoso John, pero hete aquí que en medio de la planicie (más concretamente en Talcott, Virginia Occidental) los trabajadores se encontraron con un obstáculo: una gran montaña a la que llamaban Big Bend Mountain. Los propietarios de la empresa ferroviaria C&O Railroad, decidieron que era demasiado caro rodear la montaña, por lo que ordenaron a sus trabajadores que la perforaran.
Siempre según la leyenda, aquel trabajo costó la muerte a casi 1.000 trabajadores, y se tardaron 3 años en perforar las entrañas del coloso, pero Big John Henry logró avanzar 3,5 metros por turno de trabajo con la sola ayuda de sus poderosos músculos y su maza de 6 kilos.
Y sucedió que una tarde, un vendedor llegó hasta el campamento ofreciendo a los directivos de la compañía uno de los primeros martillos mecánicos del mercado. Según sus palabras, la producción de aquella máquina podía superar a la del más habil de los hombres.
Como cabía esperar aquello provocó la carcajada general. La disputa se solucionó con una carrera entre la máquina y John Henry. Este último con dos martillos de 10 kilos, uno en cada mano, logró perforar en 35 minutos más de 4 metros. Mientras que la máquina ni siquiera se acercó a 3.
Todo fueron vítores entre sus compañeros, que aclamaban el triunfo del hombre sobre la máquina. John Henry, exultante, alzó sus brazos y de pronto, los martillos cayeron al suelo. El esfuerzo había hecho estallar uno de los vasos sanguíneos del cerebro del gigante. John cayó muerto en el acto.
Mientras todos lloraban la muerte del mito, el ruidoso artilugio mecánico de vapor proseguía con su trabajo ajeno al drama.
Aquel estruendo era el sonido del progreso.
Fuente: http://www.maikelnai.es/2009/12/03/john-henry-y-el-martillo-de-vapor/

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